Carta Tía Evangelina a los cruzados

Hola Chiquillos:
 
¿Cómo Estan? Yo sé que bien y eso llena de alegría mi corazón.  Siempre sé de cada uno de Uds.; por una razón que sólo Dios sabe, siempre han estado presentes en mi vida.  Me alegro con sus logros y me duele cuando sé que alguno tiene una pena; pero me mantengo a la distancia, mirándolos con añoranza (ese es el papel de las madres) y Uds. de alguna manera han sido mis hijos espirituales.
 
Que bueno será verlos en vivo y en directo, contemplar su presente y recordar el pasado que tenemos en común, si de algo estoy segura es de cuan importantes han sido en mi vida.
 
Recuerdo cada una de sus caritas, pues para mi seguirán siendo niños por siempre.  Sus abrazos, cuando alguna penita rondaba en su corazón "...esperen, todavía no ha llegado el verdadero amor..."; vieron que tenía razón.  Sus caritas enojadas cuando se aplicaba  disciplina, pero no lo duden con razón o sin ella, siempre los amé mucho, no saben cuánto.
 
Me gustaba sentir en mi casa sus ruidos, nuestros campamentos (cada vez que viajaba con mi familia y veía algún lindo lugar, quería siempre compartirlo con Uds. para que fueran felices) gozaba de nuestras fogatas, sus cantos, la cocina, su aprender a compartir, la acostada y sus cuchicheos a través de las carpas (de cuantas cosas me enteré en mis rondas nocturnas).
 
Es cierto que a veces me enojaba y costaba ser justa, (Dios mío, cómo hacerlo con sesenta, ochenta o más hijos.)  Uds. a veces enloquecían ¿o no?
 
Agradezco a Dios que haya puesto a cada uno en mi vida y espero algún día compartir el más bello campamento en el cielo (así que portémosnos bien).
 
Gracias por invitarme a compartir con Uds.  para mí será una gran alegría abrazarlos y compartir su familia y felicidad.
 
Los ama por siempre,
Tía Evangelina

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